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"Saben lo que hacen"

Imagen/Afiche
Entrevistado/a
Raquel Galeotti
Medio
Caras y Caretas
Fecha

No es sencillo elaborar el perfil de un abusador sexual de niños, niñas y adolescentes, pero hay características coincidentes, ciertos rasgos que pueden marcar un patrón de comportamiento. Aun a riesgo de reiteración real, hay que mencionar que los abusadores sexuales no son monstruos de aspecto extraño. Son amables, almuerzan o trabajan con o entre nosotros, sonríen para la foto de cumpleaños familiar, en ocasiones dictan cátedra sobre la vida, la moral, la decencia y las buenas costumbres. Y hasta se jactan de hablar con Dios cada tanto. Saben lo que hacen. Siempre.

La violencia sexual hacia niños, niñas y adolescentes (NNA) es una flagrante vulneración de sus derechos humanos. Según Unicef, «constituye un atentado a su integridad física y psicológica que compromete su bienestar y condiciona de forma negativa su desarrollo futuro». En Uruguay, el Sistema Integral de Protección a la Infancia y a la Adolescencia contra la Violencia (Sipiav) sostiene que existe consenso en que la violencia hacia NNA es una «gravísima violación a los DDHH», que constituye un problema de salud pública y que «impacta o puede impactar a corto, mediano y largo plazo» en diversos ámbitos de la vida tanto a nivel sanitario, educativo, social y vincular, entre otros. A nivel internacional se estima que uno de cada cuatro adultos manifiesta haber sufrido maltrato físico en la infancia, y una de cada cinco mujeres y uno de cada trece varones declara haber sufrido abuso sexual (OMS, 2016). Anualmente, el 58% de los NNA en América Latina y el Caribe sufren abuso físico, sexual o emocional, con más de 99 millones de vidas afectadas por la violencia (OPS, OMS, Unicef, 2017).

De acuerdo a datos oficiales de diciembre de 2020, en Uruguay había 841 personas procesadas por delitos sexuales. Empero, hay distintas voces que señalan que los casos son muchos más que los denunciados, que los registros no son indicadores de la magnitud y dimensión de la problemática y que el silencio sigue jugando a favor de los perpetradores. Salvo en fechas puntuales de almanaque o cuando algún caso notorio cobra fuerza en el terreno judicial, el abuso sexual en niños, niñas y adolescentes no es tema de abordaje mediático ni suele ocupar espacios en las agendas de políticas públicas.

Los medios de comunicación en general evitan referirse a un tema que incomoda, impacta y remueve lo más repugnante de la condición humana. En este sentido, suele haber un gran manto de silencio sobre estas gravísimas violaciones a los DDHH. Por debajo, de manera inocultable y traumática, están las víctimas. Pero también subyacen el poder, el morbo, el cinismo, la excitación por cuerpos frágiles y pequeños, las miserias humanas y las justificaciones de honorables personajes que suelen gozar de privilegios y del blindaje de bufetes de abogados que son estrellas mediáticas y se jactan de sus vínculos con editores y dueños de medios.

La mirada técnica
Raquel Galeotti es licenciada en Psicología, actualmente cursa el doctorado en la disciplina, es magíster en Derechos de Infancia y Políticas Públicas, docente asistente en el Programa Género, Salud Reproductiva y Sexualidades del Instituto de Psicología de la Salud (Udelar) y perito psicóloga del Instituto Técnico Forense del Poder Judicial. Cuenta con formación e investigación en el campo de la violencia basada en género, violencia sexual hacia niños, niñas y adolescentes, derechos humanos y sistema judicial y penal.

Galeotti sostiene que el abuso sexual es una parte de algo ciertamente más abarcativo que es la violencia sexual. «El abuso sexual son todas aquellas conductas sexuales violentas que se ejercen sin la voluntad del otro. Esa voluntad se considera de acuerdo a la capacidad que tenga ese otro, porque en ocasiones puede desconocer cuál es la situación a la que se está enfrentando.En el caso de los niños y niñas eso es muy claro dado que supone asimetrías respecto de la persona abusadora. El abuso sexual implica conductas «de contacto» que van desde tocamientos, frotamientos, exhibición de genitales, sexo oral y penetración. Esta última es lo que se entiende como «violación» que en la ley se distingue como «abuso sexual agravado». Y otras de no contacto, que refieren por ejemplo a las ocurridas a través de medios digitales.

¿La producción de pornografía infantil también es abuso?

Sí, es una modalidad que se reconoce en la ley 17.814 de 2004 que es la de violencia sexual hacia niños, niñas y adolescentes. En dicha ley se establecen también otras modalidades como la retribución o promesa de retribución de actos sexuales a cambio de dinero u otras especias, la trata con fines de explotación sexual, el turismo sexual, la participación de niños, niñas o adolescentes en espectáculos públicos o privados sexuales.

¿Se pude establecer un perfil de un abusador?

Es un tema complejo. En Uruguay estamos en los inicios de la producción de conocimiento en la temática. Sin embargo, en el mundo hay 50 años de historia de desarrollo en el estudio específico de lo que se llama ofensores sexuales y los tratamientos que se desarrollan. Pero hay como una gran brecha entre la realidad anglosajona, europea y la nuestra. Aquí venimos muy de atrás. El camino que hemos podido comenzar a recorrer es a nivel de la formación en el campo más general de la violencia de género y generacional y específicamente respecto a quienes agreden, cómo y quiénes son y el diseño de intervenciones oportunas pero nos falta recorrido. En Facultad de Psicología que es lo que conozco más desde hace unos tres años que nos metimos en este campo de estudio con algunos problemas. Por ejemplo,con los datos que tenemos en Uruguay no podemos determinar con claridad algunas cosas que en el mundo ya las analizan. Recién ahora se está desagregando los datos de quiénes son procesados por delitos sexuales y sus tipificaciones. Eso es importante para saber quiénes son explotadores sexuales, abusadores sexuales de niños, violadores, etc. En el mundo se discrimina de esa manera en cuanto a los perfiles, que considera al explotador sexual, al abusador sexual de niños, al violador, e incluso a la persona pedófila que puede llegar o no a abusar de niños, pero no es distintivo de la generalidad de los abusadores sexuales de niños.

¿Por qué?

Es una confusión que por lo general se plantea porque se piensa que el abusador sexual de niños es pedófilo. El pedófilo es una categoría clínica y define a la persona que se siente atraída sexualmente por niños exclusivamente. No todos los pedófilos llegan a abusar de niños porque generan sus límites atravesados por cuestiones personales, morales y éticas y de la ley, y por tanto no lo concretan. Hay muchas consultas de personas que son pedófilos, que están en tratamientos porque tienen esta particularidad. Pero la mayoría de las personas que han sido procesadas por delitos sexuales hacia NNA, alrededor del 70%, se concreta en el ámbito intrafamiliar y ahí hay otro perfil que no tiene que ver con una pedofilia. La mayoría son personas que funcionan como padres, padrastros, cuidadores y en ese marco se producen los abusos sexuales. No tienen orientación pedófila en términos de desviación sexual. En ese punto es donde hay como una división importante a considerar: tenemos una gran mayoría que responde a un perfil que se vincula en muchas ocasiones con la violencia de género. Y esto es lo que tenemos que seguir estudiando desde la perspectiva de la violencia de género. En realidad hay violencia hacia la pareja, hay como una combinación de otras violencias, a la que se suma el abuso sexual hacia uno o más niños de la familia.

Los procesados son muy pocos en relación a las denuncias. Y si esos son los perfiles que se analizan podríamos pensar que el estudio de las características de personalidad del abusador es acotado.

Exactamente. Siempre hay un especie de «zona oscura» en violencia de género y violencia sexual. Lo que sabemos es la punta de la pirámide, pero en realidad, esto es un fenómeno mucho más extendido. Obviamente lo que podemos estudiar es lo que tenemos a mano. En nuestro país los últimos datos que tenemos son del año pasado. Y esas 841 personas procesadas por delitos sexuales y que se encuentran en la cárcel, suponen un incremento notorio en relación a años anteriores. Esto es un dato importante de la realidad, y creo que hay que leerlo en el sentido que la justicia y los operadores van afinando miradas. Tal vez porque hay una mayor presión social o tal vez porque vamos avanzando de a poco, pero vamos avanzando al fin.

Del estudio de esas personas, ¿qué otros elementos pueden contribuir a determinar cierto perfil del abusador sexual de niños, niñas y adolescentes?

Lo que se hace habitualmente es delimitar si estamos ante una persona que le interesa exclusivamente tener sexo con niños o adolescentes, es decir, no le interesa otra cosa, o sí le interesa pero no tiene que ver con una desviación sexual y en realidad hay determinados factores de su vida que lleva al ejercicio del dominio sobre otro. Hay por ejemplo situaciones de estrés que se ponen en juego relacionadas a sus vínculos de pareja o interpersonales, laborales y/o sociales, eso es lo que dicen y alegan cuando lo reconocen. En realidad lo que se hace es un análisis de qué factores llevan a esa persona a la necesidad de generar una intimidad sexual con los niños y concretar un abuso sexual. También factores asociados a su personalidad, por qué se pueden llegar a sentir más cercanos a niños o adolescentes en términos emocionales, relacionados con la inmadurez. Eso es en términos generales en relación a los abusadores. En cuanto a los violadores se suele entender que cuentan con una trayectoria de vida antisocial en general, que manifiestan conductas violentas en varios ámbitos y que la violencia sexual se ejerce en el marco de otros delitos. También tenemos los explotadores sexuales de quienes, si observamos casos notorios de los últimos años, son personas que por tener sexo con adolescentes se sienten mejores, más poderosos, más atractivos. En estos casos las motivaciones son muy diversas como para establecer los perfiles, pero sí se puede ubicar campos diferentes de motivación.

¿Los abusadores saben cuáles son las consecuencias de sus actos?

Saben perfectamente. Dicen que no hicieron lo que hicieron, que desconocen de qué se está hablando, que en realidad siempre tenían motivaciones de ayudar al otro. A eso los psicólogos le llaman distorsiones cognitivas, en realidad es un área que se estudia específicamente, que es cómo piensan, más allá de negarlo o no negarlo, cómo piensan las conductas, las propias pero también las generales que tienen que ver con ejercer violencia o cómo entiende, cómo se ejerce la violencia sexual hacia otro. En realidad también lo que funciona es el estigma social que supone que se sepa o que se declare públicamente que uno es un abusador sexual, un violador o un explotador sexual y la negación funciona entonces a modo protección. Y esto sucede casi siempre, y no se particulariza en ninguna condición social. La negación, el «yo no fui», no tiene clase social ni condiciones sociales particulares porque el ASI se encuentra atravesado por un estigma social. Y también tiene un estigma carcelario.

¿Cómo se puede llegar a probar un abuso sexual en NNA? Porque no siempre hay mucha carga probatoria, ¿no?

Mediante pericias médicas, psicológicas, todo eso tiene que haber, porque en realidad lo que hay muchas veces es la palabra de ese niño, niña o adolescente; generalmente dicha en algún espacio educativo, a algún otro familiar o vecinos. Ese relato y la forma en que se manifiesta es un indicador específico de por sí. Pero ese relato se tiene que evaluar por profesionales idóneos en el tema y tiene una serie de parámetros. Y esto es importante porque muchas veces psiquiatras o psicólogos somos criticados en los medios ante los casos de abuso sexual. Que eso quede claro porque es lo que no sale en la tele y por eso nos critican. Utilizamos para esa valoración un serie de parámetros de cómo se da ese relato, qué características tiene, donde se dio, si tiene influencias de otros, en el marco de qué, y otros elementos. Generalmente un niño cuando habla y cuenta es porque ya pasó mucho tiempo. O es una situación que viene desarrollándose desde hace mucho tiempo, especialmente si sucede a nivel intrafamiliar, con el peso que tiene para ese niño o niña esa figura familiar. No es lo mismo que con el abuso de un extraño donde no existe ni carga afectiva, ni situación de dependencia. Pero en todos los casos hay huellas. En los casos de abuso sexual que tienen evidencia física, todo está allí, hay una huella visible en su cuerpo que dice que ahí pasó algo que no debió pasar. Pero en los casos que no hay evidencia física, las huellas son emocionales. Pero las huellas están. Claro que el impacto del abuso varía dependiendo de muchos factores, si hay contención familiar, si hay posibilidades de un tratamiento, si hay buena respuesta afectiva de la familia más cercana, si no hay una historia de maltrato a nivel familiar o abandono que darán cuenta de la capacidad de afrontamiento de ese niño/a o adolescente. Después hay otro parámetro que es el más dificultoso para psicólogos y médicos que es cuando el abuso sexual ocurre en la primera infancia, cuando aún no hay lenguaje.

¿Es recurrente el intento por descalificar el testimonio o la palabra de los niños? ¿Es frecuente que se alegue que los NNA dicen lo que la madre quiere que digan?

Ese es un campo de excusa perfecto. Generalmente, el profesional que evalúa esa situación lo incorpora como una dimensión a analizar si preexiste un conflicto parental. La influencia o la incidencia de los discursos adultos, se estudian en el marco de cómo aparece el relato del niño, niña o adolescente sobre el abuso sexual sufrido.

No cabe duda que el llamado Síndrome de Alineación Parental (SAP) está totalmente desacreditado a nivel internacional y no es reconocido ni por la OMS ni por la Asociación Americana de Psiquiatría. Pero ¿qué sucede a nivel de la Justicia uruguaya? ¿Se lo sigue invocando? ¿Hay jueces que lo consideran válido?

En el campo psicológico está totalmente desestimado, como bien decís, pero de todos modos no quiere decir que no haya psicólogos que lo usen. Hay psicólogos que lo sostienen y a partir de ahí hay abogados y jueces que lo sostienen. ¿Desde qué parámetros? Bueno, creo que no es desde parámetros científicos sino morales o ideológicos.

¿Cuánto inciden los medios de comunicación y la publicidad en esa construcción del deseo hacia los cuerpos de las adolescentes?

Creo que lo de los cuerpos bellos y jóvenes es algo que ha estado presente a lo largo de la historia. En los propios adolescentes también. Ahí ya es otro campo de estudio, cómo incide o cómo se miden ellos. Si sos más porque sos bello o deseado o admirado por otros. Es otro campo de desarrollo del ser humano.

¿Cuál es el rol de los medios ante los casos de abuso o explotación sexual de NNA?

El rol de los medios debería ser aportar información sobre el tema que permita a la sociedad comprender su ocurrencia. Esto tiene muchos niveles y depende de qué medios estemos hablando, pero funciona en forma muy variable. En particular, llama la atención cómo se despliega el tema cuando existe un caso notorio de mayor crueldad hacia un niño, niña o adolescente o aquellos perpetrados por personas públicas o de nivel socioeconómico alto.

Otro tema también es ¿quiénes hablan siempre?¿Quién tiene la palabra? ¿Está equilibrado y se consulta a quienes trabajan a diario con estos temas y los estudian?

¿Cuánto han podido avanzar en la Facultad de Psicología sobre el estudio de la violencia sexual hacia NNA en redes, la sextorsión, los chantajes y el grooming?

En nuestro programa estamos desarrollando una línea de estudios sobre violencia de género, violencia sexual y salud. En ella existe una línea bastante reciente sobre redes sociales y adolescencia. Esa línea ahora está afinando la mirada respecto al uso de redes sociales en términos de violencia, en el ejercicio de la violencia, el acceso o cómo impacta este uso de redes sociales en situaciones por ejemplo de explotación sexual. Actualmente, hay situaciones de violencia sexual, situaciones de explotación sexual, que ya no se dan en la calle sino en las redes sociales. Este es un campo nuevo de estudio pero que en la Facultad de Psicología está muy enfocado.

Sabemos que en Uruguay se produce pornografía infantil. ¿Eso está penalizado socialmente?

Sabemos poco, pero hay. Este país ha avanzado mucho en la investigación policial en términos de producción y comercialización de pornografía infantil. Realmente se avanzó mucho. En relación a las personas que fueron procesadas especialmente por distribuir y compartir ha sido posible por colaboración de Interpol y el trabajo realizado aquí. El individuo que se aboca únicamente al consumo y distribución de pornografía infantil tiene un perfil bastante solitario, con muy poca habilidad social, tiene cierta orientación un tanto más pedófila, pero sabemos poco de las personas que lo hacen.

¿Qué pasa por la cabeza del adulto que se excita y busca satisfacción sexual con niños o niñas pequeños?

En relación a los que yo he trabajado específicamente, hay cierta conexión con la dificultad de abordar y resolver los problemas que le generan su propia relación de pareja o sus vínculos interpersonales. Eso es un factor, hay como una incidencia del «yo no puedo con esto, me voy para acá», porque es «más fácil». Es un tema de «facilidad» y que la respuesta que reciben de un niño es que no cuestiona y no sabe. Y se valen de esto. Generalmente los abusos sexuales, y eso está demostrado, comienzan a los 5 o 6 años. La edad de comienzo casi siempre es ahí. Es un niño que no sabe que eso que le está diciendo esta persona no está bien, el adulto le dice que esto es algo que pasa siempre, que es un juego, siempre está camuflado con otras conductas.

¿Las amenazas comienzan cuando el niño o niña crece?

Exacto. Cuando el niño empieza a crecer y la persona sabe que puede decirlo, cuando empieza a escapar del campo de su control, cuando va creciendo, cuando va accediendo a otra influencia de otros grupos sociales. Por eso es importante el papel de la educación por ejemplo o de educación sexual en escuelas y liceos. Porque hay muchos chiquilines que hablan en el marco de charlas y ahí cuentan cosas que hasta ese momento lo vivían como normal. Pensemos que están viviendo situaciones que siempre son progresivas, que ellos tal vez al principio las viven sin darse cuenta porque el cerebro también tiende a defenderse. A uno a veces le pasan cosas y dice que eso no le sucedió.

La negación natural, siendo tan chiquitos.

Y también está lo que sienten por la estimulación sexual, que también incide en esa negación porque es algo que no puede estar pasando pero siento cosas que me generan confusión. Recién cuando se comienza a dar cuenta es que comienzan las amenazas. Y casi siempre apuntan a hacerle daño a un ser querido, a alguien que vos querés mucho.

Pueden llegar a amenazarles con matar a su mamá

Eso depende del perfil de esa persona. El matar es otro tipo de escalón del manejo.

¿Cómo se catalogan los individuos que, para hacerle daño a la mujer, asesinan a los hijos?

Se trata del paralelismo que hablábamos de determinados abusadores de niños y niñas a nivel intrafamiliar. En esos casos el abuso sexual tiene cierto vínculo con una dificultad de resolver cuestiones con su pareja, podemos ponerle un paralelismo: «Mato a tus hijos porque no puedo contigo». Es poner en evidencia la pérdida del poder, está directamente relacionado al dominio, hablamos del dominio sobre el otro: «Como no te puedo controlar, te voy a pegar donde más te duele». Es más extremo el mensaje que producirle la muerte a la persona, matarle a los hijos. No es habitual pero está presente en algunos casos de femicidio.

¿Cómo trata el Poder Judicial a las víctimas?

Yo creo que el avance de conocimiento siempre lleva de la mano alguna mejora en lo que se llama las buenas prácticas. Y estamos estudiando. Tenemos que seguir estudiando. Hablar del Poder Judicial en sí es muy abarcativo, pero en particular respecto a los operadores técnicos siempre estamos orientados hacia la formación y la autoformación, eso nos preocupa y mucho. Si miramos lo institucional, seguramente nos gustaría que mejoraran las condiciones. Algo han mejorado porque recordemos que hasta hace poco se entrevistaba a niños y niñas en lugares que no son amigables ni amistosos para ellos. Esto en Montevideo, porque la realidad del interior es más complicada aún porque los profesionales no tienen espacios de trabajo adecuados, tienen que ver una persona atrás de la otra sin parar, no hay recursos humanos que puedan sustentar esto, porque los psicólogos del interior del país ven todo lo que ocurre en materia de violencia doméstica y violencia sexual en el departamento o localidad donde se encuentren. Incluso por la cercanía de la ciudad del interior, a veces conocen a las personas que tienen delante. En cambio, en Montevideo tenemos mayor protección para nuestro trabajo profesional. Es un equipo más reducido, personalmente veo solo el área penal, no veo familia, no veo urgencias, me tomo mi tiempo para hacer las pericias. Y eso incide en el resultado del trabajo.

¿Las consecuencias y secuelas del abuso sexual infantil quedan de por vida?

Depende. Si no hay tratamiento, si no hay un buen sostén social, si no hay una respuesta social y familiar adecuada, sí, quedan para toda la vida. De hecho lo vemos sobre todo en los consultorios. Si hubo vivencia de violencia sexual en la infancia que se combinó con otras formas de violencia, y a su vez, en forma crónica, puede haber una alteración en el desarrollo de la conformación de la personalidad. Me refiero a trastornos de personalidad terminando la adolescencia con situaciones bastante complejas a nivel psicológico.

¿Para formar una familia y tener hijos por ejemplo?

Para vivir.